Después de tanto tiempo, tantas idas y venidas, tantas ocupaciones, tantas decisiones, el grupo de resistencia sarantrópica decidió que era el momento de ponerse en marcha. Acabar con aquella dictadura se hacía estrictamente necesario y debíamos hacerlo ya. Aquella mañana decidí terminar con el mundo subterráneo, con lo de viajar bajo gusanos, con las calles grises, calor y fríos extremos, con la falta de merienda, con hipotecar el tiempo. Debía liderar al grupo de la resistencia y llevarles a la victoria, devolver todo a su sitio…

 

“Sarantrópicos! esta mañana comienza al fin la liberación que esperábamos. Un mundo soleado, un mundo donde el mar salude al final de cada calle debe volver. Se acabaron los espejismos al fondo de la Gran Vía, se acabaron las gentes extrañas y las miradas perdidas- El mundo que conocíamos debe volver con sus tardes de merienda y sus playas de sol y relente. Viento, viento, soplando, viento que se lleve todo lo gris y lo patético, la tristeza, la rutina, viento que entre por los balcones, que recorra las orillas, viento viajero del sur.”  Todos aclamaron y gritaron y enardecidos tras escuchar mis palabras aquella mañana parecían estar decididos a romper con su rutina pesada, con su asfixiante yugo.

 

Pero a medida que me acercaba a la cima de la montaña para conjurar al viento, empezaron a sonar pequeñas alarmas en los bolsillos de la resistencia, cortas melodías infernales que provenían de unos pequeños teléfonos móviles y que hacían volvieran atrás, que olvidaran su camino. Uno a uno todos fueron volviendo a sus obligaciones impuestas, a sus rutinas y fueron olvidando para qué estaban allí. Débora Horas todavía seguía ejerciendo poder sobre ellos por medio de esos extraños chismes y tras unos minutos estaba ya sola. Sola .

 

Pero no estaba dispuesta a rendirme y me dispuse a llegar hasta la cima para comunicarme con el elemento más temido del Trópico, porque sabía que era el único con suficiente poder como para poder ayudarme. Tras varios días de frío, hambre y cansancio, la sensación de desolación cada vez se hacía más intensa, pero era única esperanza de la resistencia sarantrópica y devolver todo a la normalidad era mi único objetivo.